🪶 Noé Mondragón Norato
La última imposición política presidencial de un aspirante a gobernador en Guerrero, la encarnó el extinto priista José Francisco Ruiz Massieu en 1987. Dueño de un intelecto que sobrepasaba el asombro y la admiración de muchos políticos locales, era un personaje de libros. Política conjugada con lectura y escritura dominaban su quehacer. Reflejaban su mayor pasión. Agigantaban su figura y presencia. Marcaban elocuentes diferencias. Lo legitimaban ante la opinión pública. Quizá por esa razón, el entonces presidente Miguel de la Madrid Hurtado, cedió a la presión de su secretario de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas de Gortari —cuñado de Ruiz Massieu y, a la postre, candidato presidencial— para designarlo desde el centro, como candidato a gobernador. Todavía eran épocas de la gloria priista. En el camino dejó a su principal contrincante interno: el cetemista tlalchapense Filiberto Vigueras Lázaro. Los tiempos han cambiado. Se lee así.
IMPOSICIÓN LIGADA A REPRESIÓN.– Para efectos de la búsqueda del poder, cualquier aspiración se disfraza de eficacia. Y en los nuevos tiempos, “de preparación académica” a través de la vendimia descarada de maestrías y doctorados “patito” cuyas competencias universitarias no se reflejan exitosa y contradictoriamente, en la gobernanza pública. La utilidad de los títulos se mide con la intimidación a los incautos. Pese a ello, se oferta la esperanzadora divisa en el sentido de que “ahora sí cambiarán las cosas”, con un personaje del que se desconoce todo, pues no ha residido en su tierra natal. Desde luego, no aplica para todos sus querientes y seguidores aquel refrán popular de que “más vale malo por conocido que bueno por conocer”. Se trata de alabar lo desconocido transmutado después, en decepción. La apuesta es ganar, pero casi siempre se pierde. Y se convierte en lamentos y maledicencias futuras. Pasó con José Francisco Ruiz Massieu, erigido en uno de los mayores represores del incipiente movimiento perredista en la elección intermedia de 1989 y después, en la elección de gobernador de 1993. Y hoy podría repetirse la historia. Dos vertientes incuban el escenario:
1.- Si la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo mandó a la competencia a gobernador de 2027 a su consejera jurídica, Esthela Damián Peralta, no ha reparado que, a diferencia de Ruiz Massieu que venía “impuesto desde el centro”, ella no es una mujer de libros. En consecuencia, desconoce la dinámica del poder local plagada de caciques históricos, que podrían llevarla hacia trampas sistematizadas. Y no cuenta con una estructura electoral sólida que a Ruiz Massieu sí le tendieron los también ex gobernadores Alejandro Cervantes Delgado y el propio Rubén Figueroa Alcocer, en una época dorada en la que literalmente, no había competencia. Y si la presidenta asume que “habrá piso parejo” para todos los aspirantes a fin de justificar una eventual imposición de su “recomendada política”, entonces esa promesa tendría que ir acompañada de la inevitable respuesta a dos preguntas perturbadoras: ¿de dónde sacará dinero Estela para promoverse durante todo el mes de mayo y hasta el 21 de junio si los órganos electorales no han fijado reglas al respecto? ¿No era esa la intención de la frustrada reforma electoral presidencial —transparentar los recursos— que fue a la vez, un fracaso político de la propia Estela Damián?
2.- Bajo los efectos de la efímera pasión política y al calor de un airado debate legislativo, el padre de Estela ya extinto, Alfonso Damián Huato, sacó un arma de fuego durante una sesión del Congreso local, en su calidad de diputado local plurinominal por el PAN en la 53 legislatura (1990-1993). El finado perredista Rafael Aréstegui Ruiz, clamó por el derecho de también portar un arma al interior de dicho recinto, pues se lo habían permitido a Damián Huato. Con el apoyo de algunos notables priistas del pasado que ya admitieron apuntalarla, Estela podría estar tentada a reprimir la protesta pública en su calidad de eventual gobernadora, pues trae los genes de “mecha corta”. Y cuando compitió en la CDMX por la alcaldía Venustiano Carranza en 2015, cobijada por el MC —y que perdió— denunció incansablemente “guerra sucia” en su contra por parte de sus antiguos compañeros perredistas. Así, el discurso de “no buscar el poder por el poder”, se cae fácilmente por todos los antecedentes que la preceden. Porque el poder es adictivo. Como la más fuerte de las drogas.
HOJEADAS DE PÁGINAS… A sus redes sociales, el ex dirigente estatal del PRI, Cuauhtémoc Salgado Romero, subió un video sonriente y mostrándose “contento” por la noticia de la presidenta Claudia Sheinbaum “que a los guerrerenses nos da mucho gusto”. Se refería por supuesto, a que Estela Damián llegará a Guerrero “de tiempo completo” a luchar por su proyecto. El ex priista y miembro distinguido del grupo político del exgobernador Rubén Figueroa, está acostumbrado a percibir señales de triunfo en donde todavía no las hay. O a leer con optimismo escenarios políticos que no acaban de ser construidos. Como en el viejo PRI, asume tácitamente que bastará la marca Morena para que Estela asegure el triunfo. O que la imposición sin cortapisas y la obediencia sistemática y ciega de toda la militancia guinda, será de mero trámite. Sin reparar en los múltiples factores que la acechan. Olvida que el reloj político tiene mucha cuerda que jalar.
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