viernes, 10 de julio de 2026

A José Antonio Guevara Campillo

El voyerista
Por Alfredo Guzmán

• A José Antonio Guevara Campillo

Recientemente, o sea hoy, pasé a visitar a mi amigo Nikita, quien amablemente me recibió en su domicilio. La visita no estaba programada, porque no iba a eso, ya que luego hay que hacer agenda con Nikita de tantas amistades que lo visitan.

Lo cierto es que cuando llegamos a cierta edad, queremos platicar o que alguien nos escuche. Eso hice cuando mi amigo me empezó a comentar sobre su infancia, de inmediato me identifiqué con sus andanzas y penas, sinsabores, alegrías y triunfos.

La plática queda entre nos. Lo cierto es que las infancias de muchos (as) han sido felices, dolorosas o hasta traumáticas. Somos lo que vivimos y sobrevivimos. Hay quienes han tenido todo, hay quienes como Nikita y yo, crecimos con marcas de la vida, que nos dejan huellas, pero al final de cuentas, cuenta, cómo nos sentimos ahora.

Con problemas auditivos, tinnitus, afectado de un oído al 60 por ciento y uno al 30, ahí voy, casi siempre preguntando, cuando no escucho bien la pregunta o el comentario. Lo comento, porque algunos sienten pena por tener alguna deficiencia. Yo no. 

Así crecí cuando tenía 22 años y el pelo empezó a caerse, por herencia. Lo acepté.

Ahora con presión alta que controlo con la pastillita, hago caminata, todos los días y no estoy quieto, casi nunca, sólo cuando duermo mi siesta.

Consumo verduras, desde que mi madre, me dio un cucharazo, porque siempre me comía la carne y la calabaza, zanahoria, papa, coliflor y demás no.

Me espanté, es que la cuchara estaba con caldo caliente y supuse que era sangre, pero no.

Ahora a los 72 años. Todo duele. 

Pero quedarse quieto por temor al dolor, no es opción en mi caso.

No sé cómo anden mis contemporáneos, pero los 4 de mi palomilla, con los que andábamos como pedo en bacinica, ya murieron. El Chirgo, la Muñeca, el Mokis y el Tribilin, amigos de la infancia vecinos de Lago Chairel, yo vivía en Lago Azul y luego me cambié de la colonia Pénsil. 

Llevo 48 años que llegué a Chilpancingo, Guerrero y sigo tan campante. No como Jhony Walker, pero ahí la llevo. Me junté con Leticia Méndez Pérez, y procreamos dos hijas. Irán y Kalinka. Me dio las gracias a los 10 años de compartir espacios y busqué refugio en otros brazos y encontré a Elia. Agradecido, porque iba en chinga al barranco y me rescató. Era líder sindical, ella hacía radio para el Sindicato de Trabajadores Académicos de la UAGro. Yo era secretario de prensa y propaganda.

Ya tenía experiencia en medios, porque en mis días de disipación social, que eran muchos, me junté con la palomilla de Pueblo, con Gustavo Zalazar o con Andrés Campuzano, Leoncio Domínguez de El Reportero y una gran cantidad de amigos, algunos ya difuntos.

El hecho es que siempre quise terminar una carrera y lo hice. Acudí a capacitarme en las Cumbres Mundiales de Comunicación Política y conocí a muchos expositores de todas las preguntas que se puedan hacer sobre la Comunicación Política.

El rector Javier Rodríguez Saldaña me entregó hace dos años mi título profesional, luego de haber egresado hace 25 años de la UAcom y nunca pude tramitarlo, por tener una letra z en ves de s. 

Situación que resolví hasta que la actual presidenta de México Claudia Sheinbaum, digitalizó las actas del DF y me colocó la S en vez de la Z de mi apellido Espinoza, que siempre defendí porque así firmaba mi madre.

Y como me quedé sin pasaporte, tuve que renovar todos mis documentos., con la S.

El hecho es que hoy, ando contento, triste porque algunos seres queridos están enfermos, pero yo la llevo tranquilo con todos, hasta con mis tres hijas y el varón, que por cierto cumple años este domingo.

Mi vientre lo tengo duro, por las abdominales, las piernas empiezan a tomar forma. Me canso, pero se me quita. Siempre fui indómito, hasta que me domesticaron en casa, ahora la llevo tranquila, para evitar problemas con las que mandan.

No tengo recomendaciones, sean felices y vivan lo mejor que puedan, hasta que se acabe la cuerda. Gracias vida. 
El tema es, sigan sus sueños. No se venzan y hagan lo necesario para alcanzar sus objetivos.

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