Me rompí al nacer. Mi madre me contó que me le escurrí de las manos, mientras un joven aprendiz de fotógrafo corría a llamar una ambulancia, porque una mujer acababa de dar a luz mientras caminaba cerca del CAAPS, de la colonia Progreso.
Al impacto, no solo abrí los ojos, por primera vez a un mundo al que no pedì venir, sino que además mi cuerpo se convirtiò en muchas astillas del cristal en que me convertí.
A lo largo de los años he tenido que ir recogiendo esos pequeñoñs trozos de vidrio, uno a uno e irlos poniendo en el lugar que les corresponde.
Es por la noche, cuando se unen con alguna algamasa y al amanecer soy un poco màs yo.
No faltan las veces que me desmorono y a fuerza de voluntad, recupero mis pedazos.
Por eso a veces miro chueco. Porque alguna astilla queda mal puesta. Otras, parezco un espejo. El brillo del sol se refleja en lo afuera, aunque adentro la oscuridad me corroa.
Han venido, con el tiempo, almas caritativas que me acomodan un segmento. Otras me desacomodan e incluso, hay quienes ponen los trocitos a su gusto, porque según su percepciòn es lo mejor.
De vez en cuando la algamasa no pega bien y voy por ahí, desde la madrugada, todo roto, dejando astillas por el piso, por donde paso, por eso suelo herir sin quererlo. Hiero con mis astillas, con mi cuerpo roto.
(Julio Zenon Flores )
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