los partidos Verde y PT
Marcial Campuzano // La política mexicana parece tener una memoria selectiva, sobre todo cuando se trata de cargar con las facturas de sus propias decisiones. Hoy, los partidos Verde Ecologista de México y del Trabajo hacen como que nunca conocieron a Pedro Segura Valladares, el empresario que en 2021 defendían con entusiasmo como su candidato a la gubernatura de Guerrero.
El repentino “desconocimiento” de Segura no es casualidad: fue detenido cerca de Tepecoacuilco y trasladado al penal de máxima seguridad del Altiplano vinculado por el gobierno federal con la delincuencia organizada y, según reportes periodísticos, con la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.
Frente a este escenario, la estrategia de ambos partidos es simple: deslindarse, lavarse las manos y fingir que aquel respaldo político fue una mera coincidencia del pasado.
Pero la maniobra tiene un problema: en 2021, las dirigencias partidistas no sólo lo aceptaron, sino que lo promovieron con recursos, discursos y actos de campaña para ganar votos a cualquier costo.
Lo que hoy vemos no es una reacción ética, sino una reacción política de supervivencia. La condena moral no nace del compromiso con la justicia, sino de la necesidad de proteger la imagen partidista y evitar que la mancha llegue hasta la marca electoral, considerando que el Partido Verde y el Partido del Trabajo han sido y son hasta ahora los grandes aliados políticos y electorales de Morena.
El deslinde apresurado no es un gesto de ética, es una jugada para salvar la marca. Porque si algo caracteriza a nuestra clase política es que abraza a sus candidatos mientras sirven para ganar votos, y después los entierra en el olvido.
En la política mexicana, la memoria es corta, pero la hemeroteca es larga. Y ahí están las fotos, los discursos y las alianzas para recordarnos que, antes del deslinde, hubo un abrazo.
En un país donde la impunidad y el oportunismo caminan de la mano, el deslinde, en realidad, es un testimonio de complicidad silenciosa. Porque quienes ayer celebraban la candidatura de Pedro Segura, hoy guardan silencio sobre su propia responsabilidad. Y en política, el silencio también es una forma de culpabilidad.
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