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sábado, 25 de abril de 2026

Vengo a que me mientes la madre

SIN MEDIAS TINTAS
Jorge VALDEZ REYCEN
• A Don Jesús Araujo Hernández
• “Mi vida ya no valía ni un peso”
• “Vengo a que me mientes la madre”
--Un capitán del Ejército, del Batallón de Infantería, me dijo: ¿Es usted el tal Jesús Araujo?
--Sí, yo soy –respondió con esa voz grave, profunda, que cuando gritaba era más poderosa que cualquier arma.
--Lo vengo a arrestar. Acompáñenos por la buena o por la mala –le dijo el jefe militar. Lo sujetaron de los brazos los soldados y no hubo resistencia, ni violencia.
--Desde ese momento mi vida ya no valía ni un peso –recuerda Jesús Araujo Hernández, mirando al reportero de frente. 
--Me llevaron al campo militar, luego vinieron interrogatorios. Aguanté todo. Si me hubiera quebrado –que es lo que querían, verme como un cobarde— ya estaría muerto desde aquel año de 1960.
Este pasaje de su vida como líder estudiantil del movimiento universitario fue recordado por Don Jesús Araujo Hernández, en una de las últimas visitas que hizo a la cafetería “La Covacha” en el zócalo de Chilpancingo. Su figura lucía desmejorada, muy delgado y su paso era con dificultad. Su voz ronca era la misma. Su orgullo fue lo último que perdió, al exalar ayer.
En el gobierno del ingeniero Rubén Figueroa Figueroa (1975-1981), fungió como presidente magistrado del H. Tribunal Superior de Justicia. Una Colt, comander .45 milímetros, descansaba en su cajón derecho del escritorio. La ví una ocasión que me recibió en su oficina, mientras entablaba una conversación telefónica áspera, violenta, con el entonces procurador de Justicia, Carlos Ulises Acosta Víquez.
--Me lo vas a sostener ahorita mismo, hijo de la chingada!! –le dijo y colgó de un golpe seco el auricular. Entonces enfundó la Colt a su cintura y enfiló al Palacio de Gobierno, al segundo piso. Estaba extremadamente encolerizado y daba enormes zancadas en su recorrido del edificio del TSJ a la sede del Poder Ejecutivo. Lo seguí a prudente distancia de 3 metros. Subió por las escaleras, no usó el elevador privado.
Llegó a la oficina de Acosta Víquez y había cuatro agentes de la Policía Judicial custodiando la puerta. No los miró y abrió violentamente.
--Vengo a que me vuelvas a mentar la madre de frente, como hombre.
--¡Jesús, qué vas a hacer! –gritó Carlos Ulises Acosta Víquez. Al momento que los judiciales sacaban armas y cortaban cartucho.
--Defiéndete, hijo de la chingada.
--¡Cálmate Jesús, por Dios! –volvía a gritar el procurador, balbuceando con nerviosismo al ver a aquel hombrón de 1.80 metros de estatura retándolo a un duelo a muerte. La puerta no se cerraba y todo era tensión y se esperaba una balacera irremediable como terrible.
Jesús Araujo era un hombre de armas tomar. Con un valor a toda prueba, que no toleraba pendejadas de nadie. Y sí, con su Colt Comander, calibre 45, iba a lavar con sangre una afrenta que le hizo Acosta Víquez.
Las secretarias comenzaron a gritar espantadas y a huir. Alguien cerró la puerta y quedaron solos adentro Araujo con Acosta. Nos empujaron los guardias hacia el vestíbulo de la oficina del gobernador. Llegó Bella Hernández Felizardo, jefa de prensa de RFF y los tranquilizó. El caso lo trató personalmente el ingeniero Figueroa Figueroa.
En 1979 me fui de Guerrero a Zacatecas. Regresé en 1981.
Nos leemos… SIN MEDIAS TINTAS.
(Hoy martes a las 5 pm. Usted y yo hablaremos SIN MEDIAS TINTAS, por SIGA TV Chilpancingo y en Facebook live).

lunes, 22 de septiembre de 2025

¿Existe el Estado Mayor Presidencial?

SIN MEDIAS TINTAS
Jorge VALDEZ REYCEN
• ¿Existe el Estado Mayor Presidencial?
• ¿Quién cuida a la Presidenta Claudia?
• Encorralar a reporteros, ¿la solución?

Una de las principales normas en el protocolo de seguridad de Presidencia de la República pudo haber sido vulnerada por un periodista. Y es que en su entendible afán (encomiable y legalmente respetable) de salir del recinto para buscar a la jefa del Ejecutivo federal, el reportero comprometió los lineamientos establecidos en la materia.
Déjeme explicar: desde que funcionaba el Estado Mayor Presidencial (EMP) –ahora se ignora quién o quiénes cuidan la seguridad personal de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, porque AMLO formalmente desapareció ese cuerpo de élite militar— para “controlar” a miles de personas sin comprometer la integridad del “number one” se entronizaron dichos protocolos.
Los que ya nos hicimos viejos en este oficio, sabemos que hay reglas protocolarias presidenciales (ejemplo: rendir honores a la investidura presidencial, como el saludo a la bandera al inicio y entonar o cantar el himno nacional, al final, entre otros), una de ellas es que al ingresar el Ejecutivo Federal al recinto oficial automáticamente todos los accesos permanecen cerrados. O sea: nadie entra, ni sale. (Salvo excepciones contadísimas).
Lo mismo ocurre al abandonar el inmueble la “número Uno”: sale ella y su comitiva, exclusivamente. Nadie más. Todos los concurrentes permanecen en sus lugares “por seguridad”.
El mentecado multicitado en redes empleado de Comunicación Social de Presidencia de la República, exinfluencer y conocedor de la materia informativa, intentó disuadir a Sergio Ocampo Arista de no romper el perímetro reservado a periodistas (le llaman corral) a sillazos y trompadas. La improvisación de un estúpido en labores de seguridad, siempre fracasará.
Esta pincelada anecdótica, humillante al gremio, no es inusual, nuevo o aislado… desde décadas pasadas, en cada visita presidencial, surge un nuevo mal antecedente. Los excesos de “guaruras” contra la prensa ya se volvieron gajes del oficio, por incontables y reiterativos. Los empistolados esconden su labor en la seguridad de sus jefes y los golpeados, insultados o humillados periodistas tragan saliva con acidez de impotencia y rabia contenida.
Luciano Sánchez Aparicio, en 2005, era jefe de custodios del gobernador Zeferino Torreblanca Galindo. Los desencuentros con la prensa fueron agrios. Igual pasó con otros muchos más.
A lo que voy: nadie ha diseñado una política de comunicación social que anteponga el derecho a la información sobre una eventual inconveniencia a la seguridad personal de un Presidente de la República o un gobernador (a). Por una simple causa: para los guardias TODOS los presentes son objeto de sospecha.
Sergio Ocampo iba por la nota, punto. No iba a ser parte de la nota, punto.
El aprendiz de “guarro” iba a quedar bien. Quedó mal, por pendejo zalamero.
A final, la anécdota en la crónica del color, la dieron este par. 
Preguntas finales: ¿Acaso la labor del periodista pone en riesgo a mandatarios? ¿Por qué la violencia se impone a la razón de ser? ¿Los guardias saben controlar la adrenalina que despierta acudir a estados “calientes” donde hay gente violenta y piensan que TODOS son violentos? ¿Encorralar a reporteros es la sensata razón para que no se acerquen a los jefes, en un acto de desprecio a la función del periodista?
Debemos aprender de esta mala experiencia.
Pudo Sergio abrirle el cráneo al usurpador de la seguridad de un sillazo o cobrarse el cachetadón, sin que lo “contuvieran” para que el agresor huyera. Ganas no le faltaron al masiosare Ocampo.
Con una libreta, pluma o grabadora no se enfrenta a gandules. La revancha a ese tipo de agresiones se da al escribir y narrar los hechos con agudeza y el uso de adjetivos calificativos como traje a la medida de sus torpezas y estupideces. El cobarde vino a Guerrero a cumplir un trabajo, pero en su intento fracasó. Su cínica sonrisa lo sentenció. Sergio lo definió muy bien: era un hijo’e puta!
Nos leemos… SIN MEDIAS TINTAS.

sábado, 16 de agosto de 2025

El olvidadizo y loco Dr. Siniestro

GUERRERO… SIN MEDIAS TINTAS
Jorge VALDEZ REYCEN

El olvidadizo y loco Dr. Siniestro
Una historia de ambición demencial

--Pinche viejo raboverde!! –le gritó una de sus alumnas, víctima de acoso sexual.
Fue el más reciente de los múltiples escándalos donde el olvidadizo y siniestro Eduardo López Betancourt ha estado involucrado.
Entre 1975 y 1976 cuando fue Secretario General de Gobierno en el régimen de Rubén Figueroa Figueroa, López Betancourt fue acusado penalmente por el entonces Procurador General de Justicia del Estado, Carlos Ulises Acosta Víquez por delitos graves como secuestro, extorsión y delincuencia organizada. El siniestro López Betancourt había formado un grupo de élite para plagiar, extorsionar y chantajear a empresarios.
Figueroa Figueroa fue informado pormenorizadamente de la doble cara del alto funcionario y llamó a quien era su primo hermano, Victórico López Figueroa, tío del siniestro Eduardo López Betancourt.
--¡Voy a matar a este malnacido! –gritó furioso el gobernador.
--Yo hablo con él. Que confiese su traición…. ¿Por qué lo hizo? –tranquilizaba Victórico al indignado mandatario.
--Lo voy a matar como un perro…
A partir de ese momento Eduardo López Betancourt huyó de Guerrero y se refugió en el Distrito Federal. Se metió a la UNAM y olvidó la política, pero siempre con el miedo inseparable de morir asesinado por su pasado truculento y criminal. 
Cincuenta años después, este personaje desmemoriado –que regresó a Guerrero “asesorando” a Félix Salgado Macedonio, quien enfrentó al hijo de Rubén Figueroa Figueroa, o sea a Rubén Figueroa Alcocer, en 1992—ahora le “chaquetea” a Félix… 
Fiel a su origen traicionero, desleal, oportunista, criminal, “el Doctor” pretendió reivindicar “su nombre”, tras haber huido en los 70’s por delincuente mafioso. Quiso usar a Félix y le exigió la Secretaría General de Gobierno… “el mismo estatus que tuve”, arrastró sus palabras el megalómano y siniestro López Betancourt.
Como no logró su insano y desproporcionado objetivo, montó en cólera y despotricó amenazante contra Félix. “Te voy a destruir”, advirtió fuera de si, escupiendo espuma por la boca, en un ataque  de rabia. 
Esa es la supuesta calidad humana de personajes oscuros, siniestros y peligrosos como el susodicho.
La ambición desmedida de un enfermo por el poder, megalómano, psicótico, loco… siempre será su perdición.
Nos leemos… SIN MEDIAS TINTAS.

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